#NÚMEROOCULTO EL HILO DE TWITTER DEL QUE TODO EL MUNDO HABLA

Suena el teléfono, #NúmeroOculto. ¿Cuánto crees que aguanta una persona bajo el agua sin respirar? Me pregunta una voz distorsionada. ¿Cuánto crees que aguanta una persona bajo el agua sin respirar?, repite… así comienza mi nuevo hilo de Twitter que, publicado el 2 de abril, acumula casi 4 millones de impresiones, y miles de Likes y RT.

Aquí repercusión prensa https://www.flooxernow.com/viral/misterioso-hilo-twitter-que-esta-enganchando-todo-mundo_20220404624af73ade6e680001ee3dac.html

Y aquí por si quieres leer el hilo: https://twitter.com/gutisolis/status/1510162084713189376?s=20&t=phaPhfHCLff24RopQuI3og

LOS TONTOS

En realidad, lo reconozco, nunca me he importado estar en el batallón de los tontos, sobre todo después de descubrir los nombres más ilustres de cuantos componen el de los listos. Hay quien mantiene que, en esta vida, para llegar a algo, a lo que sea, más que inteligente, trabajador, constante o talentoso, hay que ser listo. Listo, listo de calle, especifican. Y cuando dicen listo es con la musiquilla del doble sentido, esa del “tú ya sabes lo que te quiero decir”. Lo paso mal en esas tesituras, lo reconozco, porque normalmente no pillo esos dobles sentidos guiñados y, por no caer más, porque no querer escapar del rebaño, cabeceo afirmativamente, aunque no me haya enterado. Esa es una peculiaridad muy frecuente en el batallón de los tontos: huir de las polémicas, no tratar de imponer nuestras ideas o tesis a toda costa, algo de lo que los listos hacen gala. Pero qué bonita es esa expresión: hacer gala, y yo no puedo dejar de imaginarme a un notas tela de guapetón con su esmoquin recién planchado. Pero volvamos a los tontos, a los que son como yo, más o menos. Otra peculiaridad, que no cualidad: somos fáciles de engañar. Sí, lo somos, y por eso formamos parte de los tontos, así de simple. Muchas veces nos engañan -normalmente algún listo, claro está- al hacernos creer que vamos a cumplir con un sueño, con una ilusión o anhelo. Sí, porque los tontos tenemos también tenemos esa tarita, que no nos falte de nada, somos soñadores. O más que soñadores, ingenuos, y creemos que podemos conseguir los objetivos por nuestros propios medios, sin trampear, sin zancadillear al compañero, sin abusar del rival. Para creer eso, imagínese lo tonto que hay que ser, normal que nos llamen así. No tenemos remedio, y me temo no han encontrado, de momento, vacuna para lo nuestro.

Ante la clásica duda, muy del estilo el huevo y la gallina, todavía nadie ha podido determinar si el listo nace o se hace. Porque ser un buen listo, de los que de verdad triunfan en la vida, y terminan teniendo muchas y buenas cosas, esas cosas que envidiamos, y envidiamos, tiene tela marinera, eso no está al alcance de cualquiera. Y seguramente requiere de un entrenamiento concienzudo, de tener claro hasta dónde se puede llegar, que es el infinito y más allá, como dijo el astronauta de Toy Story. Obviamente, el tonto nace, porque nadie en su sano juicio quiere ser y formar parte del grupo de los tontos. Por eso no me voy a cebar con ellos, pobrecitos míos. Además, hacerlo sería la mayor demostración de masoquismo que habría contemplado en mi vida, cargando contra mí mismo, tonto entre los tontos. Pero es un problema aún mayor, de verdad, y esto que voy a contar tal vez no lo crea, pero es así. Prepárese, que no es cualquier cosa. Tome asiento, respire hondo. Venga, lo suelto ya. Los tontos no quieren dejar de ser tontos, y a la mayoría cuando le ofrecen la posibilidad de cambiar, cuando un listo se acerca y le dice: vente conmigo, el tonto dice, decimos, que no. O sea, eso ya es el colmo de la tontura: el ser tonto por propia elección. El querer estar en el lado de los ingenuos, de los crédulos, de los fáciles de engañar. De verdad, es que hay que ser muy tonto para querer seguir siendo un tonto y no ser un listo. Todo un listo. Ya ves.

El Tangana, que hace muy poco ha recibido unos cuantos premios, ha conseguido que convierta en himno, o más que eso, en banda sonora de mi vida pasada, presente y futura, un canción de su último y aclamado disco. La coplilla de marras, como no podía ser de otra manera, se titula Los tontos, y la canta a dúo con Kiko Veneno -ese grande de la música que si hubiera nacido en Alabama estaría a la altura de Cash, Young o Springteen, y que aquí no terminamos de glosar como se merece-, y aunque toda ella es soberbia, en algunos pasajes se puede escuchar: tú te has creído que, por ser yo bueno, puedes ir pisando por donde friego. Qué pocas palabras para expresar tanto. Un sentimiento que con frecuencia me inunda, cual brisa marina. Porque nadie piense que los tontos no tenemos conciencia de nuestra tontura, pues claro que la tenemos, del mismo modo que la tenemos de cuando los listos nos hacen una de las suyas. Y eso no quiere decir que nos guste que nos pisen lo recién fregado, que no nos gusta, pero es que tenemos claro que la solución no es pegarle un fregonazo al listo de turno, aunque se lo merezca. Y es que, al final, ser tonto también tiene su cosa, y a lo mejor no lo puede ser todo el mundo. Pero es que nadie quiere ser tonto, o eso dicen.

SEGUNDA EDICIÓN DE EL LENGUAJE DE LAS MAREAS

Entra de nuevo en imprenta El lenguaje de las mareas para realizar una SEGUNDA EDICIÓN, ya que se han agotado los ejemplares iniciales. A pesar de contar con una versión eBook, otra de BOLSILLO, incluso un Audiolibro, regresa a las librerías en su formato original. Y esto ha sido posible porque los lectores y lectoras así lo han querido, algo por lo que no podemos estar más felices. Mil gracias!!!!

MOCHILAS Y PUERTAS

En esta semana de fuego y lluvia, menuda semanita bipolar hemos tenido, los centros de enseñanza, en su gran mayoría, han abierto sus puertas. Pocas noticias mejores, porque a través de esas puertas no sólo se accede a las aulas, a las pistas de deporte o a los laboratorios. A través de esas puertas se accede, muy especialmente, al futuro. Después de varios meses, han regresado las silenciosas mañanas a casa. Tan sólo vulneradas por los habituales sonidos de la calle: el del taller probando una moto, el que tapiza, el que recoge chatarra o algún grito furtivo e inesperado. Los sonidos de mis vecinos. Mi vecina sigue cantando coplas y rancheras -y sigue haciendo carne en salsa-. Aunque lo deseaba, que volvieran a sus clases, los primeros días sin mis hijos en casa se me hacen extraños, solitarios, distintos, incluso tristes. No ha llegado al nivel del año pasado, tras tantos meses de permanente convivencia. Fueron más de seis meses. Aunque solucionado el grueso de lo intendencia, los primeros días son de visitas a las papelerías, de renovar mochilas y libros, de forrarlos, sí, de forrarlos, y de todos esos asuntos implícitos a la vuelta a las clases. Siempre fui al instituto con una mochila, verde militar -de hecho, creo que esa era su verdadera procedencia-, áspera como una lija, incómoda como ella sola, nada que ver con las actuales. No recuerdo cuántos cursos me duraban aquellas mochilas de esa lona tan gruesa y ruda, casi imposible de limpiar. Si tenías la desgracia de que se te derramase la tinta de un bolígrafo, no la volvías a tener limpia nunca más. La tinta azul, en ese verde castrense, adquiría unos tintes púrpuras, que hacían más visible y llamativa la mancha.

Me asaltan estos recuerdos mientras veo como las gotas de lluvia se estampan contra los cristales y escucho a mis hijos hablar de nuevos compañeros y profesores. Aunque fingen contrariedad, no dudan en proclamar que les habría gustado que las vacaciones prosiguieran, no pueden ocultar el entusiasmo que el reencuentro con las clases les provoca. Tenía que suceder en septiembre, claro que sí, un mes mucho más renovador, novedoso y repleto de oportunidades y cambios que el sobrevalorado enero, con su hartura de mazapanes y contenedores de basura colmados de cabezas de gambas, envoltorios de mantecados y cajas vacías. Ellos, mis hijos, tan jóvenes, e imagino como la mayoría, aún no tienen conciencia de todas esas cosas en las que pensamos los mayores, que ya empezamos a ver en el tiempo como un aguafiestas y no como una suma de días en el calendario. Aún así, les toca elegir muy pronto qué quieren hacer con sus vidas, a qué se quieren dedicar, esas cosas que yo mismo me sigo preguntando cada día, y el problema es que sin respuesta la mayoría de ellos. A pesar de esa responsabilidad, que en la mayoría de los casos solventan con demostrada eficiencia -y es que nos empeñamos en dudar de nuestros jóvenes y cada día nos tapan la boca-, volver a las aulas tiene mucho de aventura, de exploración, de descubrimiento, y hasta de misterio. Un tiempo nuevo.

Esas mochilas que cargan nuestros hijos y que, afortunadamente ya no son como aquellas feísimas y toscas verdes que me tocó padecer, están cargadas de bolígrafos nuevos, libros y reglas, pero también de ilusión y de futuro. Años decisivos a los que se enfrentan, de transformación biológica y personal. Crecerán, esos estirones dejarán cortos los pantalones y camisas, y en poco tiempo se convertirán en otras personas, a veces muy diferentes, a las que son ahora. Un tiempo de vértigo, de incertidumbre, pero ilusionante al mismo tiempo. Muy jóvenes les toca elegir, elegir su camino, justo cuando están en pleno proceso de cambio. Todos hemos pasado por esto, claro que sí, pero por ello no deja de ser una etapa compleja de la vida. Por eso, debemos estar a su lado, para lo que necesiten, lo mismo que lo están sus profesores y maestros. Con ellos me despido, agradeciéndoles de nuevo todo lo que han hecho y hacen, en tiempos tan adversos, propiciando que el viaje iniciado por nuestros hijos no se detenga. No es poco, todo lo contrario: es mucho. La puerta al futuro sigue abierta.

EL CHIRINGUITO

Si tuviéramos que establecer un día mundial o internacional, aunque solo fuese nacional o andaluz, del chiringuito, tendría lugar HOY, 15 de agosto, el festivo entre festivos, el padre, hijo y abuelo de todos los festivos. Eso es así. Y basta con acercarse a cualquiera de los que pueblan nuestro litoral, para comprobarlo. Prepare los codos, la cartera y la paciencia para celebrar la ocasión como se merece, que puede ser un ratito bueno entre todos los ratitos buenos del año, a pesar de las estrechuras. Y es que ese momento en el que te enfundas la camiseta o camisa (floreada, que jamás te atreverías a ponerte un lunes de noviembre), recorres la playa esquivando tumbonas, sombrillas, castillos de arena y cuerpos asalmonados hasta por fin llegar al chiringuito, donde con un gesto similar al de Magallanes en el preciso instante de partir desde Sanlúcar de Barrameda en dirección a las Islas de las Especias, examinas la concurrencia, en busca de ese amigo, cuñado o similar con el que tomarte una cervecita fresquita y lo encuentras, sí, al fondo, bien colocado, en su mesa alta, con su camisa floreada, también, él que es de castellanos marrones y pinzas de lunes a viernes, sientes en tu interior algo parecido a la victoria, a la burbujeante celebración de un gol en el minuto 93, ya sea con VAR o por la escuadra. Inigualable momento, raíz o premisa indispensable de lo que queda por delante, que en un día como éste, Día Mundial del Chiringuito, cuenta con una máxima que nunca falla: la improvisación, y sálvese quien pueda.Al chiringuitero profesional, la RAE debe admitir esta palabra a la mayor brevedad, ni el laboratorio del FBI en su sede central de Baltimore podría encontrar un grano de arena o un resto de salitre en su cuerpo o ropa. El profesional no pisa la playa, aunque le guste verla desde la distancia, acodado en la barra. Conoce al dueño/encargado del establecimiento de quince veranos seguidos o tiene la habilidad de parecer que lo conoce de todo ese tiempo (aunque lo acabe de conocer). Para eso, nada mejor que la táctica de la vitrina del pescado, asomarte con poderío, como si tuvieras la intención de encargar ese pargo de doce kilos que arrincona a los lenguados, y decirle al dueño/encargado: buen género, a cómo sale eso, y a continuación mueve la cabeza con gesto de conformidad, sin confirmar o negar la posible adquisición. Y cuando está en su mesa alta, o planchando barra de aluminio, el chiringuitero profesional formula la gran pregunta al camarero que lo atiende: ¿cuál está más fría, botella o tirador? Las dos igual. Ponme una que me duela la garganta. Y así, sin quererlo, en una buena jornada chiringuitera no hay nada previsto, van llegando amigos, amigas, cuñados, suegros, la abuela con la silla plegable y una legión de niños pidiendo un refresquito. Si os lo tomáis ahora, en la comida toca agua, amenaza uno de los chiringuiteros, aunque ellos ya lleven seis consumiciones, como poco. Entre estas disputas, grandes decisiones: ¿aceitunas o altramuces?, los fichajes del verano, varias rondas, inciertos viajes planeados y recuerdos recuperados, con las bocas calentitas ya, el encargado/dueño del establecimiento te avisa que ya tienes la mesa lista. Pongamos que hablamos de las cuatro y media de la tarde, en el mejor de los casos.Dieciocho, sin contar a Juanito, que tiene tres años y duerme en el carrito. Fuera de carta, nada, que nos la clavan, dice alguien, pues yo le metía a unrodaballo, eso no merece la pena para los que estamos, reniega otro, tres de ensaladilla, dos de tomates aliñados, unas sardinas y lomitos para los niñosyo no me voy a comer un lomito, protesta Carmen, con la vista puesta en las gambas que porta un camarero. Arroz para cuatro nada más, que luego se queda, avisa la abuela. En el remate, el chiringuitero profesional exige su chupito con esa gracia que solo él contempla y que más de uno califica como chulería, y luego organiza un brindis que decora con una de sus frases impostadas. Mientras, los más pequeños no cesan de abrir la puerta del congelador, a la caza de un helado. Guiña el ojo y hace como que firma sobre un papel invisible, el chiringuitero más curtido pide la cuenta. Miradas de asombro, alguna de rencor, ya te lo dije, pagamos por familia, claro, y yo que no traigo niños pago lo mismo, alguien murmura. Pues yo lo veo hasta barato, que si quitamos los helados, las tartas, los cafés, los batidos, las patatas fritas y los refrescos no es tanto, explica con ese desparpajo suyo el chiringuitero de mayor edad. Y hasta la siguiente. Feliz Día Mundial del Chiringuito.

LA VIDA EXTRA DE CARMEN PUERTO

Ha llegado estos días a las librerías, así como a las diferentes plataformas de venta digital, Los amantes anónimos, la primera entrega o historia protagonizada por la inspectora Carmen Puerto. No exagero si afirmo que es la publicación que me ha hecho más feliz. Feliz y curado, reparado, eso de la espinita clavada. Y es que esta novela estaba condenada al silencio, a formar parte del oscuro, tenebroso e interminable vagón de los libros perdidos, ya que en su día ni tuvo la oportunidad de iniciar su camino. Un accidente del pasado que prefiero olvidar, ya que propició que pasara tres años sin escribir absolutamente nada, ni una línea, salvo estos artículos semanales en este periódico. Pero un día, tal vez impresionado por las noticias e informaciones que contemplaba y leía, los casos de Diana Quer, Laura Luelmo y Asunta Basterra me sobrecogieron sobremanera, Carmen Puerto, esa policía furibunda, inteligente y sombría, regresó a mi vida. Yo sabía que lo haría, nunca permití que hiciera la maleta, como tampoco me despedí de ella, conscientemente. De esa confluencia de circunstancias surgió El lenguaje de las mareas, en la que narraba la desaparición y búsqueda de dos adolescentes en Punta del Moral, Ayamonte, muy cerca de Portugal. Una novela que sigue sumando lectores, día tras día, que ya cuenta con varias ediciones en varios soportes, y que ha posibilitado, tal y como se tratara de un salvador flotador, que Los amantes anónimos, y por tanto Carmen Puerto, cuente con esta vida extra, o vida nueva, que todavía divago cuál de las dos expresiones debo emplear. En este cúmulo de circunstancias, no me puedo olvidar de la editorial Almuzara, de Manuel Pimentel y Javier Ortega, muy especialmente, que apostaron desde el inicio por El lenguaje de las mareas, convencidos del potencial de su protagonista.

A veces creo que no tenemos en cuenta, sobre todo a quienes la contemplamos desde la cercanía, la importancia de Almuzara. Una editorial que, desde el Sur, reivindicando el Sur en muchos sentidos, se ha convertido, gracias a su buen hacer y perseverancia, en una referencia ineludible en el mercado editorial español y latinoamericano. Y, sobre todo, se ha convertido en un espacio acogedor, cálido, para los autores, que sienten la cercanía, más allá de la tabla de Excel. Regresa Carmen Puerto a su primer caso con energías renovadas, y lo hace con más fuerza, intuición y mal humor que en El lenguaje de las mareas, que se encontraba tocada, débil tras una mala época. En Los amantes anónimos, por decirlo de algún modo, Carmen Puerto es muy Carmen Puerto, en todos los sentidos y en todas sus peculiaridades, que son muchas y muy diversas. Se enfrenta con decisión a un caso en el que se mezclan los asesinos en serie, la corrupción política a la más alta escala, el mundo de la televisión y el de las finanzas o la sociedad de la información. Pero también es Los amantes anónimos una novela sobre el sexo, sobre cómo influye en nuestras vidas y todo lo que somos capaces de hacer por satisfacer nuestros deseos y fantasías, así como también es una historia sobre la soledad. Esa soledad en este mundo tan hiperconectado, paradoja de este tiempo, que cada día es más habitual en nuestra sociedad.

Soy de los que piensan que cuando te ofrecen o conceden una oportunidad hay que dejarse la piel para aprovecharla. Y si te encuentras con una vida extra, tal y como le ha pasado a la Carmen Puerto de Los amantes anónimos, hay que entregarse a fondo y ofrecer lo mejor que tienes. Abrazarse a lo fácil siempre es la peor decisión que podemos tomar. Y aquí lo fácil hubiera sido publicar lo que se publicó. Y NO es lo que hemos hecho. Aunque respeta buena parte de la trama, es otra novela, con un final más atractivo. Una historia mejor estructurada, que conecta con El lenguaje de las mareas y con la que habrá de ser la tercera entrega, y que me encuentro en proceso de redacción. Cuando finalicé la tarea, como no podía ser de otro modo, lo primero que hice fue “enviársela” a Carmen Puerto, para que fuera ella quien diera su veredicto. Nervioso esperé su respuesta, que llegó unas horas después. Sólo dos palabras: ahora sí.

YA PUEDES CONSEGUIR LOS AMANTES ANÓNIMOS

En el mismo día aparecen en tres ciudades de España —Sevilla, Madrid y Barcelona—, en papeleras de lugares muy conocidos y frecuentados, restos humanos semicongelados: un pie, una mano y un corazón. Todos los indicios apuntan a la siniestra estrategia de un asesino en serie que quiere acaparar toda la atención.
Para tratar de resolver el caso, la policía recurre a la excéntrica, huraña e intuitiva inspectora Carmen Puerto que, a pesar de su autoimpuesta reclusión, es capaz de analizar, interpretar y desvelar los crímenes más complicados. Como en «El lenguaje de las mareas», Carmen Puerto encontrará en Jaime Cuesta y Julia Núñez los ojos y las manos que la conectarán con el exterior…

En la web de Almuzara (que es la opción más rápida) >> https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=5200&edi=1

En Amazon >> https://www.amazon.es/amantes-an%C3%B3nimos-Salvador-Guti%C3%A9rrez-Sol%C3%ADs/dp/8418578106

Casa del Libro >> https://www.casadellibro.com/libro-los-amantes-anonimos/9788418578106/12364543

En TodosTusLibros >> https://www.todostuslibros.com/libros/amantes-anonimos-los_978-84-18578-10-6

Así como reservarla en tu librería de confianza. Apuesta y acude a las librerías cercanas!!!

ÉRASE UNA VEZ MAYO

¿Nos da algo para la Cruz de Mayo?, le preguntábamos al nuevo posible benefactor con el que nos encontrábamos, como si la Cruz tuviera necesidades alimenticias o de cualquier otro tipo. Comenzamos con cajas de cartón, las vacías de las botellas de leche Colecor eran las más preciadas. Recias, robustas, crujientes, y muy resistentes. Eran unas botellas de litro y medio de un plástico semitransparente que luego también tenían su utilidad. Bien recortado el cuello de la botella, con su correspondiente globo, era un tirador fabuloso. Eso sí, lo que se dice apuntar, era más que complicado apuntar. Recuerdo tardes de verano desayunando una botella de Colecor, muy fría, junto a un plato de rosquillas. En ese tiempo en el que la lactosa era una ciencia ficción y la leche se consideraba como el gran alimento. Mientras más, mejor. Las Cruces de Mayo con las cajas de cartón, y decoradas con gitanillas y geranios de las macetas de mi madre. La de sofocones que le di, todo el año cuidando sus flores para que yo se las guillotinase en un plis. Y pasamos a la Cruz minipaso, en aquellos años en los que los costaleros conformaban una especie de mitología, y hasta íbamos a verlos a ensayar, como si se trataran de guerreros legendarios que practicaban con sus espadas. En la Cruz minipaso había que dividir las ganancias, ya que como poco éramos dos los que la “cargábamos”, pero también es verdad que las ganancias eran mayores, especialmente al principio. Cosas de la novedad. En muy poco tiempo, tan poco y tan rápido que me es imposible precisar, comencé a disfrutar las Cruces de Mayo desde otra perspectiva: con los codos apoyados en las barras de aluminio. Pimientos fritos, flamenquines y un poquito de salmorejo, que no falte. Durante 3 décadas viví entre San Agustín, San Lorenzo y el Realejo, en la calle Buen Suceso, imposible que las Cruces no formaran parte de mi calendario, en cualquiera de sus modalidades y situaciones.

Y lo mismo me sucede con los Patios, que siempre he considerado como la expresión más auténtica y genuina de cuantas tenemos en Córdoba. Si algo nos define y diferencia son los Patios, no me cabe duda. Porque ferias, hay muchas, al igual que catas, y las Cruces también se pueden disfrutar en otros lugares, como en Granada, por ejemplo. Pero para ver y conocer los Patios hay que venir a Córdoba. Si rebusco en la memoria del niño que fui puedo recordar los Patios antes de que tuvieran colas, horarios y aplicaciones, cuando eran microcosmos que conformaban la Córdoba más esencial. Recuerdo ir a casas de amigos donde los vecinos esperaban en el patio su turno para ir al servicio compartido. Recuerdo patios por los que atrechábamos para ir de una calle a otra. Recuerdo patios en los que se comían caracoles a media tarde, entre jazmines y buganvillas. Recuerdo patios con perros somnolientos y canarios de colores cantando en sus jaulas. Recuerdo patios en los que el concepto de familia era muy diverso, porque además de la propia tenías la que formabas con tus vecinos. Los Patios, en Córdoba, suponen lo que fuimos y que, en gran medida, seguimos siendo. Y por eso es de agradecer el esfuerzo que realiza todos los años este periódico, para que su ya célebre Guía de Los Patios siga siendo una realidad que todos podemos disfrutar.

Se me acaba el espacio y todavía me queda mucho mayo que recordar. El de la Cata, por ejemplo, o el de las ferias, porque en mi infancia y juventud yo disfruté dos por igual, la de la Salud y la del colegio, en los Salesianos. Aquellas casas del terror construidas con pupitres, que son casi los antecedentes de los escape room actuales, o la tómbola en el pórtico, o las primera fiestas y ese momento en el que sonaba Spandau Ballet y soñabas con que la chica que te gustaba dijera sí cuando la invitabas a bailar. Aunque incómoda, la Feria en Los Patos tenía su encanto, y sus peligros. En El Arenal nos adaptamos al más de lo mismo, con todas sus comodidades y demás ventajas, pero yo nunca la disfruté tanto como la anterior. Porque mayo, nuestro mayo, tiene mucho de adaptaciones y de peligros, y también de recuerdos, que ojalá pronto escapen de la memoria para volver a ser una realidad.

REEDICIÓN DE LOS AMANTES ANÓNIMOS EN LA PRIMAVERA DE 2021

Tengo que contarlo, porque sois much@s los que estáis preguntando. Con la entrada de la primavera llegará una nueva edición de Los amantes anónimos, la primera novela de Carmen Puerto. Pero no será la misma obra que vio la luz en 2016. Mantiene la trama original y… 

Lo fácil habría sido reimprimir la versión original, pero no nos gusta lo fácil. Así que nos hemos vuelto a poner ante al ordenador… no es una reedición al uso. Os puedo asegurar que gana mucho con la «reforma». Y la publica, como El lenguaje de las mareas, Almuzara. 

Habrá que ir pensando, también, en una nueva portada para Los amantes anónimos. Carmen Puerto la tiene clara, pero a mí me parece un tanto arriesgada…

#LosAmantesAnonimos #Primavera2021 #NuevaVida

#ElLenguajeDeLasMareas

#CarmenPuerto