NUNCA ES TARDE

Hay días que cuentan con un significado especial, días que tienden a emplezarnos con el futuro. Días en los que avanzamos, en los que se produce el milagro, la revelación, eso que no estaba previsto. El miércoles pasado fue uno de esos días, por el trasfondo, por los mensajes, por lo inesperado. Porque volvimos a comprender y comprobar que es posible. Sí, es posible, cuando lo intentamos, cuando lo queremos. Seguía la narración del partido de Copa entre el Madrid y el Alcoyano mientras leía las noticias que habían tenido lugar durante ese día. El Gobierno se piensa lo de adelantar el toque de queda, dijo el ministro Illa en Sevilla. Una terrible explosión llevó el caos al centro de Madrid, lamentándose cuatro víctimas mortales. Las primeras imágenes que pudimos ver nos mostraban la desolación, en estado puro. De Madrid también, de una de las grandes pinacotecas del mundo, porque lo es, el Museo del Prado, nos llegaba la reconfortante noticia de que la nueva reordenación de salas propiciará que aumente la presencia de las mujeres artistas. Nunca es tarde si la dicha es buena. Nunca una labor pedagógica debe ser despreciada, aunque llegue con tantos y tantos años de retraso. No se trata de apartar a los hombres artistas para poner en su lugar a las mujeres artistas, simplemente se trata de normalizar algo tan simple como el talento, el Arte y la Historia. Siempre estuvieron ahí, con pinceles en las manos, o escribiendo, como narraba en un preciso y precioso artículo Amparo Rubiales ese mismo día. Las Sinsombrero, todas esas mujeres a la sombra de la Generación del 27, por ejemplo, pero que también fueron Generación del 27, y ahora lo estamos empezando a descubrir. Casi cien años después, nunca es tarde si la dicha es buena, dice el refrán que siempre aplicamos a las cosas de las mujeres, a sus derechos, a sus oportunidades.

Ese día también fue el de Joe Biden, el nuevo presidente de los Estados Unidos, un soplo de esperanza, una luz en la oscuridad, tras cuatro años de incertidumbre, vozarrones y política de barra de bar. Y llega con una mujer a su lado, Kamala Harris, la primera vicepresidenta que van a tener los norteamericanos en su historia. Nunca es tarde si la dicha es buena. Pudo haber pasado antes, sí. Incluso pudieron haber tenido una presidenta, pero no fue, tal vez no era aún el momento. Que también es una frase demasiado recurrente con las cosas de las mujeres: no es el momento. Sin embargo, los hombres seguimos contando con todos los momentos. Comos todos esos políticos, despreciables, que han utilizado su condición -que nosotros le hemos dado- para vacunarse en el primer momento. Miserables es una palabra que los califica con gran exactitud. El atuendo morado de Kamala Harris el pasado miércoles fue mucho más que un color, todo un símbolo, claro que lo fue. Así como esos puños apretados de Kamala contra Obama, al que tanto hemos echado de menos. La política también ha de ser serenidad y una sonrisa. Y buenos modales. Kamala entre Lady Gaga y Jennifer López, con esa proclama en español que también es un símbolo y una marca de localización: somos latinos y estamos aquí, y también estamos orgullosos de ser americanos. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Madridista como soy, no me escoció la derrota de mi equipo frente al Alcoyano. Mi aplauso más sincero, mi admiración por esos jugadores, perfectamente representados en su portero, José Juan, un hombre de 41 años, que el barro que lo cubría de pies a cabeza no podía ocultar la felicidad que desprendía. Pudieron. Me fascina que no siempre gane lo previsible, lo que todos esperan, lo que «ha de ser». A veces, lo que «ha de ser» es recompensar el esfuerzo y la entrega, las ganas de conseguirlo. Y el pasado miércoles vimos señales y gestos muy evidentes de querer conseguirlo. Empleando un color, un idioma o abriendo las puertas a la lógica, a la igualdad, que no es tan difícil. Insisto, nunca es tarde si la dicha es buena, y debemos celebrar que pase. Pero también me gustaría que desde ya empleáramos otros dichos, que nos trasladen a la inmediatez, al ahora, a este presente. Sobre todo, con los asuntos que conciernen a las mujeres, y que son asuntos que nos conciernen a todos.